* Audio de una entrevista realizada a María Luis Bombal en 1972.
* "BOMBAL" (2012), ficción biográfica dirigida por Marcelo Ferrari.
* BIOGRAFÍA
María Luisa Bombal nació en el Paseo Monterrey de Viña del Mar, el 8 de junio de 1910. A los ocho años de edad, tras la muerte de su padre, se trasladó a París, junto a su madre, Blanca Anthes Precht, y hermanas, ciudad donde terminó su educación escolar e ingresó en 1928, a la Facultad de Letras de La Sorbonne, carrera que culminó tres años más tarde con la presentación de una tesis sobre Prosper Mérimée. Concluidos sus estudios universitarios, regresó a Chile para reunirse con su madre y hermanas; fue precisamente en el momento de su arribo a las costas chilenas, cuando conoció un joven amigo de la familia, llamado Eulogio Sánchez Errázuriz, con quien pronto inició una intensa relación amorosa que la obsesionaría durante toda su juventud.
En 1933, tras una dolorosa separación de Eulogio, partió a Buenos Aires invitada por su amigo y cónsul Pablo Neruda. Instalada en esta ciudad participó del movimiento intelectual de la época, reuniéndose con los escritores agrupados en torno a la revista Sur. En 1935 inició su carrera literaria, publicando, La última niebla; tres años después lanzó La amortajada, su novela más importante. En agosto de 1940 regresó a Chile, trayendo consigo los manuscritos de "El árbol" y "Las islas nuevas". Al año siguiente, fue encarcelada tras intentar asesinar a su antiguo amante, Eulogio Sánchez.
Superado este incidente, en 1944 se trasladó a Estados Unidos, donde vivió por casi 30 años. Los primeros meses en este país los pasó en soledad, sumida en una profunda adicción al alcohol. Ese mismo año conoció a Fal de Saint Phalle, un noble francés dedicado a los negocios, con quien se casó el 1 de abril de 1944 y tuvo una hija, a quien llamó Brigitte, tal como la protagonista de su segunda novela.
Durante residencia en Estados Unidos continuó activamente su trabajo literario enfocada especialmente en la escritura de obras de teatro. En 1946 publicó La historia de María Griselda y trabajó para la UNESCO. Luego del fallecimiento de su esposo en 1969, partió a buenos Aires; allí permaneció hasta 1973, año en que regresó a Chile para quedarse de manera definitiva. Pese a llevar muchos años en el extranjero, nunca renunció a su pasaporte chileno, lo que limitó sus posibilidades de recibir premios en los países donde había desarrollado parte importante de su obra.
En Chile, las penas y el alcohol debilitaron su salud; murió el 6 de mayo de 1980, en completa soledad, en una sala común de un hospital público y sin haber obtenido el Premio Nacional de Literatura. Su obra inédita y sus novelas más conocidas, fueron recopiladas y publicadas por Lucía Guerra diecisiete años después de su muerte, bajo el título de Obras completas.
Pese a su brevedad, la producción de María Luisa Bombal logró una importante repercusión en el medio literario, instalándose como una de las primeras exponentes de la novela contemporánea latinoamericana. su técnica ha sido comparada con la de autores señeros como la inglesa Virginia Woolf y el estadounidense William Faulkner. Asimismo, La amortajada ha sido señalada como antecedente de Pedro Páramo, única novela del mexicano Juan Rulfo, publicada en 1955.
Durante las últimas décadas del siglo XX y hasta la actualidad, la crítica literaria ha retomado la obra de Bombal a la luz de nuevas perspectivas teóricas que permiten realizar otras lecturas de sus textos. Tal ha sido el aporte de los estudios de género, que reconocen en esta escritora una primera expresión de problemáticas que luego cobrarían mayor relevancia, como las relaciones entre el hombre y la mujer y los papeles asignados a ésta dentro de la sociedad. En este sentido, la temática desarrollada por María Luisa Bombal fue, sin duda, adelantada a su tiempo. Recientemente su obra ha sido reeditada con motivo del centenario de su nacimiento.
(Fuente: http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-3597.html)
* "BOMBAL: LOS PEQUEÑOS GOCES PERDURABLES", nota de Milagros Amondaray
Para María LLuisa Bombal el violín era un instrumento endiablado. Le hacía demandas. La ataba.
La tenía presa a sus tiempos y exigencias. La forzaba a establecer un
vínculo perenne, siempre receloso de cualquier otra pulsión que pudiera
alejarla de él. Sin embargo, por muchos años, Bombal quería ceder a esas
presiones y dominar el instrumento, develando ya desde temprano ese
fervor que la conducía a todo lo que eventualmente implicara tanto una
condena como una salvación. Pero llegó la escritura. Llegaron los
primeros poemas de los que renegaba porque, para ella, no había nada de
extraordinario en concebirlos, como si las cualidades de ser joven y
escritor estuvieran a priori vinculadas a la composición. Como si esos
raptos de inspiración sucedieran con frecuencia. Era el violín o era la
escritura. Bombal eligió lo segundo y, aún así, su prosa (poética,
siempre poética) nunca abandonó la razón por la cual ese instrumento
parecía llamarla. Así, se convirtió en una autora de frases eufónicas
maravillosas, sabiendo que uno de los modos para ilustrar esas distintas
penetraciones a las que aludía era mediante la sonoridad, ofreciéndole
al lector un entretejido rítmico donde nada estaba librado al azar.
Quienes hayan leído a Bombal sabrán que la pasión con la que vivió, su
espíritu obseso y persistente, reverbera en cada uno de sus párrafos.
Sin embargo, la gran paradoja es que ese desborde emocional nunca
provocó un alejamiento de la escritura como acto disciplinario. Es
decir, que por más que uno la imagine con la pluma en la mano en
cualquier lugar del mundo escudriñando en lo oscuro, Bombal creía que un
escritor no podía simplemente hacer erupción independientemente del
contexto, por lo cual fue su estadía en Paris lo que terminó de
configurarla como mujer de letras. Esas letras, asimismo, eran
representaciones de sueños. Pero no me refiero a componentes literarios
oníricos, sino específicamente al soñar, de manera casi atormentada, por
los pequeños goces que dan las palabras, todas ellas protagonistas
indiscutidas de esos instantes orgásmicos que Bombal no dejaba morir,
como si quisiera retenerlos eternamente. Lo que a los fines prácticos se
terminó denominando “realismo mágico”, para ella era un recurso vital a
la hora de borrar los límites, para que la dualidad presente en su
novela La última niebla – siendo “niebla” la palabra clave -,
se apoderara de todo su proceso de escritura, cimentado en difuminar las
separaciones entre realidad y sueño, cimentado en la proliferación de
imágenes narcóticas.
¿Qué quiero contar? ¿Algo real? ¿Quiero
que me lean y me capten de inmediato? ¿Quiero que decodifiquen o quiero
que todos vayan caminando hacia un humo sagrado, hacia el
cuestionamiento de los hechos, hacia un tiempo que está fuera del
tiempo? Bombal seguramente se preguntó todo eso e indiscutiblemente se
encontraba arraigada a la última alternativa. ¿Qué la llevó a
representar la subjetividad femenina con el ímpetu de quien quiere,
mediante la vigorosidad del lenguaje, describir las aventuras amorosas
como tumbada en medio de una ensoñación? Como no podía ser de otra
manera, fueron dos mundos; mejor dicho: dos figuras coincidentes con esa
duplicidad. Las personas de su vida y los personajes. Según ella, cuando
un individuo que había empezado a crear era abandonado, se le aparecía
con el único fin de desvelarla, de demandarle el ser despertado a la
vida. Así, Bombal no podía huirle a sus personajes, quienes, como contó
una vez, la atormentaban, la acosaban, incluso llegando al punto de que
ella podía verlos sentados a los pies de su cama, como niños que hacen
reproches. Por otro lado, están las personas de su vida. Un hombre
(Eulogio Sánchez) con quien entabló una relación fogosa, desatada,
incontrolable, que la hizo protagonizar un hecho criminal (un disparo
inconsciente) luego de que él no soportara su personalidad y se
entregara a las conveniencias, a un vínculo más “sensato”. El ascenso y
descenso de su romance con Sánchez – o el ascenso y descenso a secas que
podía llegar a experimentar -, arrojó a Bombal a un terreno donde su
concepción de la felicidad era mutable, y por lo general escindida en
dos polos bien opuestos. En ocasiones solía definirla como algo
embriagador: “Durante muchos días viví aturdida por la felicidad. Me
habías marcado para siempre. Aunque la repudiaras, seguís poseyendo mi
carne humillada, acariciándola con tus manos ausentes, modificándola. Ni
un momento pensé en las consecuencias de todo aquello. No pensaba sino
en gozar de esa presencia tuya en mis entrañas y escuchaba tu beso, lo
dejaba crecer dentro de mí”. El amor filoso, como un arma penetrante, es
clave en Bombal. Sus permanentes menciones a las entrañas, a los
cuerpos fundidos e indisolubles (otro ejemplo de esa neblina, de dos
mundos que hacen bullicio juntos, hasta el punto de perder autonomía)
hablan de una escritora (y de una mujer, por sobre todo) dispuesta a la
búsqueda de retención de la dicha. Así lo escribió cuando la felicidad
ya no era más que algo utópico y, en un punto, inaprensible: “Puede que
la verdadera felicidad esté en la convicción de que se ha perdido
irremediablemente la felicidad. Entonces empezamos a movernos por la
vida sin esperanzas ni miedos, capaces de gozar por fin todos los
pequeños goces, que son lo más perdurables”. Acá se ve, como en ninguna
otra frase de Bombal, la armonía entre la escritura y la experiencia.
Escribir, a fin de cuentas, implica el querer poner algo dentro de una
burbuja, mantenerlo eterno, impoluto, a salvo del paso del tiempo, como
dejando constancia en tinta de un momento de efervescencia, enmarcando
las sensaciones del cuerpo en lo inmediato.
Bombal, la biopic sobre la escritora chilena dirigida por Marcelo Ferrari, encuentra en la seducción y vulnerabilidad de Blanca Lewin su punto fuerte. La actriz, que ya en las películas de Matías Bize En la cama y La vida de los peces había sabido mostrar tanto el erotismo como la fragilidad femenina, en Bombal
combina ambas facetas y uno no podría pensar en otra intérprete mejor
para exponer las razones que hicieron de Bombal una de las primeras
mujeres en atravesar la prosa con una sexualidad recalcitrante y
arrolladora. Cuando Lewin yace en la cama o flota en el agua, la esencia
de María Luisa está allí. La de una mujer que vivió como escribió:
desnuda, expuesta, entregada, abrazando el erotismo y el deseo de fijar
en el aquí y ahora todos los pormenores de la memoria imposible. “He
conocido el perfume de tu hombro y desde ese día soy tuya. Te deseo. Me
pasaría la vida tendida, esperando que vinieras a apretar contra mi
cuerpo tu cuerpo fuerte y conocedor del mío, como si fuera su dueño
desde siempre. Me separo de tu brazo y todo el día me persigue el
recuerdo de cuando me suspendo a tu cuello y suspiro sobre tu boca”
escribió en La última niebla. Su anhelo por detenerse en un
momento de perdurabilidad la condujo a elaborar sentencias breves y
contundentes, casi cinematográficas, equivalentes a secuencias cortas y
voraces, dolientes y testimoniales de una colisión apasionada. “Yo vivo
de los recuerdos” confesó en una entrevista. Eso se desprende
instantáneamente de sus páginas con ese modo de evocar tan arrebatado:
“¡Qué importa que mi cuerpo se marchite, si conoció el amor! Y qué
importa que los años pasen, todos iguales. Yo tuve una hermosa aventura,
una vez…tan sólo con un recuerdo se puede soportar una larga vida de
tedio, y hasta repetir, día a día, sin cansancio, los mezquinos gestos
cotidianos”. Y si bien uno en su prosa la nota pujar entre la buena o
mala convivencia con esos instantes que se desarrollaron de igual manera
que los esplendores de las mariposas (“si olvidara todo…mi aventura, mi
amor, mi tormento; si me resignara a vivir como antes de mi viaje a la
ciudad, tal vez recobraría la paz”), la Bombal triunfante es que la supo
siempre, con la misma seguridad con la que comprendió en qué consistía
la belleza de un violín, que no hay otro modo de abordar las situaciones
y las palabras que entregándose a ellas con el corazón abierto,
sangrante, sin remedio. Como lo ilustra ese breve diálogo de la película
de Ferrari: “¿Y ahora cómo voy a vivir?”. La respuesta es una sola: “como siempre lo has hecho: escribiendo”.
* Descarga de "La última niebla": http://www.memoriachilena.cl/archivos2/pdfs/MC0005023.pdf
* Descarga de "La amortajada": http://www.memoriachilena.cl/archivos2/pdfs/MC0011098.pdf
* Descarga de "El árbol": http://www.letrasdechile.cl/Joomla/images/el-arbol.pdf
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