* "Mapas de agua y arena" (1990), capítulo de "Documentos TV", dedicado a la vida de Paul Bowles y Jane Auer.
* Documental biográfico sobre Paul Bowles
* "JANE BOWLES, ÚLTIMO EQUIPAJE": Programa documental dedicado a Jane Bowles
* Paul Bowles recitando.
* "JANE BOWLES: CABEZA DE GARDENIA", nota biográfica.
Bisexual,
extravagante, inquieta, heterodoxa, con una gran sensibilidad y
capacidad para sorprender. Jane Bowles, fue una mujer diferente, con una
vida aciaga y conmovedora. La escritora y dramaturga Jane Auer nació el
22 de febrero de 1917 en la ciudad de Nueva York en el seno de una
familia judía. Pronto se trasladó a Suiza con su madre, quien tenía la
esperanza de poner cura y remedio a la tuberculosis que su hija había
adquirido en la rodilla derecha a tan corta edad.
Jane
no regresó a su ciudad natal hasta la adolescencia, momento en el que
tomó contacto con el círculo bohemio e intelectual de Greenwich Village. Fue en esta época cuando comenzó a dar rienda suelta a su orientación sexual y tuvo sus primeras experiencias homosexuales.
La
caracterizaba una indumentaria muy masculina y físicamente no era
considerada muy agraciada – opinión popular que pongo en tela de juicio,
ya que proviene de unos cánones de belleza machistas y propios de la
sociedad patriarcal de la época. ¿Quién no ve la feminidad en esta
mujer?
El carácter de Jane era gris.
Padecía de una gran inseguridad en sí misma y nunca pudo disfrutar del
gran talento que poseía. Esta inseguridad se vio agraviada al casarse
con el escritor de éxito Paul Bowles, de quien adoptó el apellido con el
que firmaría sus obras. Sin embargo, los expertos de hoy en día opinan
que la obra de Jane es más importante que la de su marido.
Paul
Bowles era un hombre homosexual, y el de ellos fue un matrimonio por
conveniencia, una tapadera. Llevaron un romance platónico y acordaron
que cada uno compartiría su intimidad con quien quisiera.
Junto
a Paul aumentaron sus complejos por ser mujer, así como su tendencia a
anularse. Con una autoestima tan delicada, Jane tuvo dificultades para
darse el valor que realmente tenía y para convencerse de lo buena
escritora que era. Pero, afortunadamente, su talento era innato, y en
1943 consiguió publicar su primera novela, Dos damas muy serias,
que trataba sobre la sexualidad femenina y sobre la búsqueda de
independencia e individualidad de dos mujeres pertenecientes a mundos
muy distintos en principio. La novela tuvo un gran impacto social y
tanto su familia como su amante, Helvictia Perkins, le aconsejaron que
no la publicara por temor a un posible escándalo, ya que consideraban
que tratar el lesbianismo de una manera tan abierta y descarada podría
traer serias consecuencias en la sociedad en que vivían. Aún así, Jane
tuvo la valentía de no echarse atrás y de publicarla.
En
1947, Paul y Jane viajan a Marruecos, en donde esta última conoce a
quien fuera protagonista de su siguiente romance: Cherifa. Por aquellos
años Jane atravesaba un momento difícil y andaba coqueteando con las
drogas y el alcohol. Cherifa, mujer musulmana y lesbiana, permaneció a
su lado y la cuidó, a pesar de que las malas lenguas dudaron de su amor
por Jane y ponían en entredicho el motivo por el que permanecía a su
lado.
Placeres sencillos es
también una obra suya que recoge relatos y cuentos en los que la figura
de la mujer en busca de sí misma está presente. Pero Jane Bowles no solo
resaltó en la prosa: en 1953 se estrenó en Broadway su obra de teatro In the summer house, traducida al español como En la casa de verano o como En el cenador –
título con que la ha publicado la editorial malagueña Alfama. En ella
es fácil detectar la frustración y la angustia de una hija al no poder
llevar la vida que desea al lado de su madre.
Jane
era lesbiana y se casó por conveniencia con Paul. Siempre tuvo una
relación muy complicada con su familia. Por eso, yo creo que aunque los
dos personajes son una mezcla de ella, se acerca más a la hija, Molly,
que siempre está leyendo en el cenador. La madre, Gertrude, es el
reflejo de su familia. Siempre está encima de ella – declara al diario Público su traductor al español, Carlos Pranger.
Esta
obra fue alabada también por Tennesse Williams y por Truman Capote,
ambos amigos íntimos de Jane. Ella era una mujer fuerte, adelantada a
sus tiempos, sumamente inteligente, humilde. Poseía un humor irónico y
sarcástico desprovisto de tabúes por el que Truman Capote sentía
verdadera admiración. Él fue una figura importante en su vida, hasta tal
punto que en la tumba actual de Jane Bowles hay un epitafio que reza
“Cabeza de gardenia”, como la llamaba su fiel amigo Truman.
En
1957, Jane sufrió una embolia cerebral que le dejó serias secuelas,
entre ellas, la pérdida de visión. Su producción literaria, obviamente,
se vio afectada. Comenzó un viaje sin retorno, como ella misma lo
describiría. A partir de entonces, se produjeron una serie de vaivenes a
clínicas y hospitales, en los que se trataría y permanecería ingresada
por temporadas. En 1970 tuvo otro derrame del que no se repondría. Y en
1973 se apaga definitivamente su mente y su vida, con apenas 56 años, en
una clínica malagueña.
Sus restos
fueron enterrados en el cementerio de San Miguel de la misma ciudad en
la que falleció. Jane Bowles Bowles fue enterrada en una parcela
cualquiera del cementerio con una cruz de madera como único recuerdo, en
una tumba sin nombre. Todo ello por expresa petición del marido. Sin
embargo, en 1996 la escritora y dramaturga norteamericana tuvo la gran
suerte de ser rescatada del olvido por una estudiante admiradora suya
que decide darle a su memoria el tratamiento digno que en su opinión
merecía.(Fuente: http://www.mirales.es/sociedad-activismo/jane-bowles-cabeza-de-gardenia/)
* Nota de Juan Forn sobre Jane Bowles, para Página 12
Lady Gardenia. Por Juan Forn
Esa mujer
que parece una muñeca rota, del brazo de su lazarillo por los callejones
de la casbah de Tánger, es Jane Bowles, conocida entre sus amigos y
admiradores como Lady Gardenia (el sobrenombre se lo puso Tennessee
Williams). Todos los amigos y admiradores de Jane, incluyendo a Paul
Bowles, su esposo, creen que ese lazarillo, que es la mujer que vive con
ella, su gran amor, la analfabeta Cherifa, la está envenenando de a
poco. Es cierto que, de tanto en tanto, debajo del colchón o dentro de
su ropero, Jane encuentra un manojo de vello púbico y sangre menstrual
envuelto en hojas de cardamomo, pero también es cierto que Jane lleva
veinte años bebiendo una botella de gin al día que, combinada con una
supuestamente inofensiva medicación casera que toma desde la
adolescencia, produce según los médicos un cóctel mortífero para el
funcionamiento cerebral: es muy raro que la isquemia no ocurriera antes,
pero lo verdaderamente asombroso es que la paciente haya podido habitar
durante veinte años esa comarca mental sin perder la razón. La
medicación era contra la tuberculosis, que le había atacado la rodilla a
los doce y la dejó coja para siempre. Esa renguera la hacía doblemente
irresistible en los bares de lesbianas que tomó por asalto a los
diecisiete (busquen alguna foto suya de joven, vean qué beldad era y
déjenme agregar que cuando salió el único libro que publicó en vida un
fotógrafo de Life fue a su casa a retratarla, pero cuando ella le abrió
dijo que tendrían que suspender la sesión porque venía “de una pelea de
gatos”: tenía toda la cara y los brazos arañados). A cada escándalo suyo
que llegaba a oídos de la familia, judíos millonarios de Park Avenue,
ellos comentaban invariablemente: “Es por la pierna”.
Erika y Klaus Mann le presentaron a Paul Bowles en una incursión por
Harlem. Paul era compositor, discípulo de Aaron Copland, crítico de
música en el Herald Tribune y odiaba silenciosamente la vida que
llevaba. Su único anhelo era irse, dejar todo e irse. “Es enfermizamente
contenido, es siniestro, y es goy. Voy a casarme con él”, le comunicó
Jane a su madre por telegrama. Tenía veinte años. El telegrama lo mandó
desde el puerto de Nueva York, antes de subir a un barco que llevaría a
la pareja a Panamá. Duraron poco en su primer destino, y lo mismo en
Guatemala y en México. El se adentraba en la selva y ella en los bares
prostibularios de los lugares que recorrían. Un día le mostró a Paul una
novela que había estado escribiendo en secreto. A las frases les
faltaban palabras, tenía horrores de ortografía y sintaxis, pero era tan
extraordinaria que le hizo sentir a Paul que eso que él buscaba en la
selva estaba en realidad en su embotellado y lacrado interior, si
lograba declararlo zona liberada como ella. El libro de Jane se llamaba
Dos damas muy serias y se publicó primero. La crítica la hizo trizas, la
familia de Jane le dijo que “sólo había un párrafo decente en todo el
libro, esa carta del marido abandonado, y seguramente la escribió Paul”,
pero Tennessee Williams dijo que vendería el alma por los personajes
femeninos de Jane Bowles y un adolescente de Alabama llamado Truman
Capote se fue a dedo hasta Nueva York sólo para conocerla. Para entonces
ella estaba en Tánger, adonde se había ido Paul a terminar su libro. El
libro era El cielo protector. Jane lo leyó en el barco hacia allá; le
llevaba los primeros ejemplares recién salidos de imprenta. Cuando bajó
del barco en Tánger, le dijo: “Este libro es una profecía”. Es nada más
que una novela, contestó Paul. Ella abrió el libro en el epígrafe de
Kafka que decía: “A partir de determinado punto, no hay retroceso
posible. A ese punto hay que llegar”. Y agregó: “Tú vas a morir aquí y
yo voy a enloquecer en el desierto. Lo sabemos, cariño”.Para entonces Jane llevaba cinco años tratando en vano de escribir algo nuevo mientras que Paul ya tenía terminada una segunda novela: Déjala que caiga. Ella no lograría terminar nunca nada que empezara a escribir, él no paró de publicar desde entonces. Aquella primera tarde en Tánger, Paul le hizo probar kif. A pesar de sus advertencias, Jane fumó hasta volarse la cabeza y salió a caminar sola por la casbah; volvió enamorada para siempre de una vendedora ambulante que vio en el mercado. Era Cherifa. “No sé si tendré que caminar detrás, delante de ella o por el otro lado de la calle el resto de mi vida, pero la seguiré hasta el fin”, dijo cuando volvió, y no paró hasta lograr su cometido. Cherifa fijó sus términos: por una noche, un cepillo de dientes; por dos noches, un par de medias; por una semana, una túnica; por diez días, una oveja; y nunca aceptaba quedarse más. Así fueron las cosas al principio: Paul abandonaba la casa cuando entraba Cherifa y, entre estadía y estadía de su amante, Jane participaba con él de las juergas de los emigrados (Cecil Beaton, Truman Capote, Aaron Copland, Peggy Guggenheim, Tennessee Williams). Pero la ecuación empezó a perder su delicado equilibrio cuando Jane determinó que sólo Cherifa con sus poderes podía hacerla escribir. “Al principio fue un amor normal, pero yo quería más”. Cherifa también: por mudarse con sus brujerías a lo de Jane el precio fue que la casa pasara a nombre suyo y quedara para ella a la muerte de Jane.
Cuando salía a la calle, Cherifa seguía usando velo y túnica negra, pero adentro de la casa andaba en jeans, camisa de trabajo, pañuelo al cuello y el pelo peinado hacia atrás con gomina. Nunca aprendió una sola palabra de inglés. Los pocos amigos occidentales que seguían visitando a Jane creían que era otra de sus humoradas (su frase favorita en los viejos tiempos era: “¿No es abyecto?”), pero se les erizaban los pelos de la nuca cuando ella les decía en voz baja que todo iba cada vez mejor, que Cherifa estaba envenenando de a poco al demonio paralizante que ella tenía adentro.
Entonces vino la isquemia y el traslado a Londres, para la recuperación, en base a electroshocks. Jane quedó sin visión lateral (“Camino siempre por un pasillo, eso es todo”), pero recuperó buena parte de sus facultades: por ejemplo, podía leer las cartas que recibía, y hasta podía escribir cartas ella misma, pero no podía leer lo que iba escribiendo. Es cierto que a las frases les faltaban palabras, y tenían horrores de gramática y sintaxis, pero la letra es perfectamente descifrable y los conceptos también. Son cartas emocionantes, la mayoría a Paul. En ellas le dice que vivió aterrada, al borde de la histeria toda la vida, aunque lo disimuló haciéndoles creer a todos que era “feliz como un cuchillo”. Le dice que él pudo empezar a escribir porque ella dejó de escribir (después de muerta Jane, en 1971, pasaría lo contrario: él dejaría de escribir porque, sin ella para leerlo, sencillamente no concebía interlocutor posible) y en un momento escalofriante, luego de preguntar con insistencia por Cherifa, repite las palabras finales de la inolvidable protagonista de Dos damas muy serias: “Me he desmoronado, que es algo que deseaba hace años, sé hasta qué punto soy culpable, pero he conseguido la felicidad, y la defenderé como una fiera”.
* BIOGRAFÍA DE PAUL BOWLES
Nació el 31 de diciembre de 1910 en Nueva York.
Siendo un estudiante de bachillerato publicó dos poemas surrealistas en Transition, revista literaria internacional.
Cursó estudios con el compositor Aaron Copland durante los años treinta. Fue autor de partituras para ballets y compuso la música de muchas películas y obras de teatro.
En el año 1938 contrajo matrimonio con Jane Auer, autora de teatro y novelista. Animado por su esposa, escribió relatos y crítica musical para diversas publicaciones. Tras haber vivido en Europa, Centroamérica y Ceilán, la pareja, estableció su residencia permanente en Tánger en 1947.
Su primera novela, El cielo protector (1949), gozó de éxito de ventas y fue llevada al cine en 1991 por el director italiano Bernardo Bertolucci. Fue autor también de las novelas Déjala que caiga (1952) y La casa de la araña (1955). En El Diario de Tánger 1987-1989 (1991) hace una crónica de su vida en Marruecos. Con la experiencia de sus viajes por África, escribe el libro de viajes titulado Cabezas verdes, manos azules (1963). Autor también de varios volúmenes de relatos, entre los que destacan Delicada presa (1950), El tiempo de la amistad (1967) y Relatos completos de Paul Bowles (1979), además de libros de poemas y traducciones de cuentos populares africanos.
Para vender sus obras, trabajar y tener dinero que le permitiera mantener su residencia en Marruecos, volvió a Nueva York una temporada y en torno a su casa aglutinó a numerosos artistas de la generación 'beat'. Su hogar fue lugar de encuentro de escritores como Tennesse Williams, Gorde Vidal, Truman Capote y de la Generación Beat: Allen Ginsberg, Jack Kerouac y William Burroughs.
Paul Bowles falleció el 18 de noviembre de 1999 en la habitación nº 3 del Hospital Italiano de Tánger.
Obras seleccionadas
Novela
1949 – The Sheltering Sky
1952 – Let It Come Down
1955 – The Spider's House
1966 – Up Above the World
1991 – Too Far From Home
Relatos
1950 – A Little Stone
1950 – The Delicate Prey and Other Stories
1959 – The Hours after Noon
1962 – A Hundred Camels in the Courtyard
1967 – The Time of Friendship
1968 – Pages from Cold Point and Other Stories
1975 – Three Tales
1977 – Things Gone & Things Still Here
1979 – Collected Stories, 1939–1976
1981 – In the Red Room
1982 – Points in Time
1985 – Midnight Mass
1988 – Unwelcome Words: Seven Stories
1988 – A Distant Episode
1988 – Call at Corazon
1989 – A Thousand Days for Mokhtar
1995 – The Time of Friendship Paul Bowles & Vittorio Santoro
Poesía
1933 – Two Poems
1968 – Scenes
1972 – The Thicket of Spring
1981 – Next to Nothing: Collected Poems, 1926–1977
1997 – No Eye Looked Out from Any Crevice
(Fuente: http://www.buscabiografias.com/biografia/verDetalle/899/Paul%20Bowles)
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